Ciudad Velada, oculta y al mismo tiempo envuelta en un velo de arena y luz. No se muestra de forma directa, se insinúa, como un recuerdo que atraviesa el aire antes de desaparecer.
La composición se construye a partir de una gama de beiges suaves, ocres cálidos y blancos erosionados, salpicados por destellos dorados que capturan la luz. Estos tonos, trabajados en capas y relieves, generan una atmósfera etérea, casi polvorienta, donde la materia parece flotar más que asentarse. Las formas verticales, irregulares y fragmentadas, sugieren una ciudad lejana, desdibujada por el tiempo y el silencio.
El trazo oblicuo atraviesa el espacio como una corriente o un viento antiguo cargado de arena. Esta diagonal introduce movimiento y tensión, rompiendo la quietud del conjunto y guiando la mirada a través de la escena, como si la ciudad estuviera siendo atravesada por un instante de revelación.
La textura es protagonista, espesa, rasgada. Construye y desgasta a la vez, reforzando la sensación de una ciudad que no desaparece que se transforma. En Ciudad Velada, la arquitectura se disuelve en la atmósfera y los sentimientos velan el corazón.
Acrílico texturizado sobre lienzo 90 × 60 cm