En la inmensidad azul,
donde el mar se confunde con el cielo y el horizonte tiembla,
ser puerto es ser promesa.
Es ser faro.
Ser luz entre aguas inmensas.
Sostener la noche y ofrecer dirección cuando todo parece perderse y el azul se vuelve profundo.
Ser puerto, es ser hogar,
casa abierta, refugio fuerte, nido.
Es un lugar donde el cansancio, descansa, donde el miedo encuentra un abrazo, donde la herida recibe un beso
y aprende poco a poco a cerrar los ojos.
Para los tuyos.
Para los otros.
Para todos.
Como la luz del faro, que se refleja en el mar y resplandece en el cielo, subiendo y bajando con las aguas, iluminando la noche, sin pedir nada a cambio.
Guiándonos.
Acogiéndonos.
Acunándonos.
En ese vaivén eterno de claridad y sombra, de azul y silencio.
Ser puerto es estar.
Es permanecer incluso cuando oscurece, cuando el mar ruge,
cuando la noche es larga
y el cielo parece lejano.
Ser puerto, es esperar con los brazos abiertos, con el pecho encendido, con el alma limpia.
Cuando te necesiten.
Cuando te quieran.
Cuando te elijan.
Para siempre.
Sé luz.
Acrílico texturizado sobre lienzo
90 × 60 cm